Julio García-Merlos
Twitter: @jgarciamerlos

A finales del año pasado fue publicado el índice de prosperidad elaborado por el Instituto Legatum. Este instituto tiene una visión clara: “Ver a toda la gente levantarse de la pobreza hacia la prosperidad”. Su misión: “Crear los caminos de la pobreza hacia la prosperidad, promoviendo economías abiertas, sociedades inclusivas y empoderando a las personas”. Su misión se enfoca en estos tres temas, los cuales a su vez se dividen en doce pilares, de la siguiente manera:

ECONOMÍAS ABIERTAS:
1. Ambiente para la inversión
2. Condiciones empresariales
3. Acceso al mercado e infraestructura
4. Calidad de la economía

SOCIEDADES INCLUSIVAS:
1. Seguridad
2. Libertad personal
3. Gobernanza
4. Capital social

EMPODERAMIENTO PERSONAL:
1. Condiciones de vida
2. Salud
3. Educación
4. Medio Ambiente

Estos doce pilares, a su vez, se componen de 65 parámetros que conforman el índice anual. En el índice de 2019 Guatemala ocupa el puesto 99 de 167 países, incluido Hong Kong. Lamentablemente en el ranking global hemos bajado seis puestos en los últimos 10 años, aunque en el punteo hemos subido de 52.5 a 54 puntos. Esto significa que, aunque Guatemala ha progresado, otros países lo han hecho más que nosotros, por ello hemos bajado de posición.

Yo sueño con una Guatemala floreciente, estoy convencido que podemos serlo. Para lograrlo, no basta con desearlo. Quisiera que Guatemala tenga una misión clara como país: Salir de la pobreza hacia la prosperidad. Esto implica que debemos tener una agenda, un plan. Este año tenemos la oportunidad con un nuevo gobierno, quienes tienen la responsabilidad de definir una agenda nacional con parámetros claros a mejorar. Cada elemento de esa agenda debería apuntar a un solo objetivo: salir de la pobreza. Todas las entidades del Estado deben trabajar en mejorar los parámetros en los que tienen incidencia y su desempeño debe medirse en términos objetivos. El desempeño de los países se mide en índices, parámetros o indicadores, por lo tanto, debemos mejorar en los aspectos que son relevantes y que definen si un país está progresando o no.

La responsabilidad no está solo en el gobierno de turno, sino en todos los guatemaltecos, por ello los ciudadanos debemos tener claro qué queremos. Debemos pensar en una agenda a corto, mediano y largo plazo. Los ciudadanos informados podemos exigir que los temas de discusión sean los verdaderamente relevantes, esto nos sirve para tomar decisiones, por ejemplo, quien votar. Si somos ciudadanos informados vamos a poder discernir entre un candidato que ofrece soluciones a problemas de trascendencia o si estamos frente a un populista que ofrece llevar a Guatemala al mundial de futbol. No solo en Guatemala, sino incluso en países desarrollados, las discusiones políticas se pierden en temas que tienen poca incidencia en el desarrollo por ejemplo la discusión sobre la pena de muerte o el matrimonio entre personas del mismo sexo. Entre más nos involucremos en los temas del país, más difícil será que nos engañen y nos polaricemos. Cuando limitamos las discusiones nacionales a temas que provocan respuestas emocionales, perdemos la oportunidad de discutir y definir temas de mayor trascendencia. Debemos evitar la polarización, las etiquetas y los bandos, porque eso coarta las discusiones serias. Perdamos el miedo de opinar sobre los temas que no somos expertos. Discutir con respeto nos obliga a estudiar, analizar y replantearnos nuestras ideas. Los invito a que visiten la página del Instituto Legatum en www.prosperity.com y formen su propia opinión.

* Este artículo fue publicado en originalmente en las ediciones física y digital del Diario La Hora. Imagen de Dreamstime.